¿Y si alguien se entera de que voy al psicólogo?

Aunque cada día es más admitido socialmente, en algunos círculos aun no se contempla ir al psicólogo como algo normal, se sigue asociando con desequilibrio mental o locura.

Me recuerda a la actitud que teníamos hace apenas 40 años con respecto al deporte, era algo para minorías y se contemplaba más como una rareza que como un hábito para la salud.

Aun así, entiendo que la discreción es imprescindible y en mi consulta se respeta a rajatabla,  debido al secreto profesional al que estamos sujetos y que afecta tanto a la identidad de los pacientes como al contenido de las sesiones.